El operador me aseguró que la ayuda ya estaba en camino y que alguien vendría a revisar la zona.
Le di las gracias, sintiéndome más tranquila al saber que no estaba sola en ese momento. Finalmente, la noche volvió al silencio.
Por la mañana, todo parecía normal y tranquilo. Aun así, la experiencia perduró: una lección silenciosa envuelta en misterio.
A veces la vida nos habla dos veces, solo para asegurarse de que estamos prestando atención.
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